Os quiero contar una pequeña historia, una historia de personas y chocolate, una historia sencilla que viví hace unos días y que me conmovió profundamente, no me di cuenta en el momento, pero cuando días más tarde me sorprendí pensando en aquel momento y sonriendo, pensé que lo tenía que contar.

Era un jueves, como otro cualquiera, yo estaba comprando en el supermercado, en una hora debo hacer la compra semanal aprovechando mis hijos están en la extraescolar de inglés, así que imaginaréis lo acelerada que voy.

Cuando ya estaba metiendo la compra en las bolsas algo llamó mi atención, una mujer, había dejado su compra en el suelo, había sacado una tableta de chocolate con almendras y con total tranquilidad la estaba abriendo, pensé que algo importante había pasado en la vida de esa mujer, se estaba dando un homenaje, y no podía esperar a llegar a casa, eso ya me hizo sonreír.

Terminé de pagar y tomé camino a mi coche, de pronto me acuerdo, en la puerta había una mujer mayor, me había pedido algo de comer y yo la había ignorado.

“Que egoísta eres” pienso, lo tienes todo, y no eres capaz de comprarle a esta mujer ni una barra de pan.

Sumida en mis pensamientos avanzo, y de pronto reparo en algo, la mujer del chocolate está delante de mí, su paso es muy tranquilo, va caminando lenta, sin ninguna prisa, saboreando el chocolate, disfrutando de su momento.

De pronto veo que se para al lado de la mujer de la puerta, parte un gran trozo de su tableta y sin mediar palabra le da el gran trozo de chocolate y sigue caminando, la mujer de la puerta se queda pasmada, mira el chocolate, mira a la mujer (que sigue caminando hacía su coche) y vuelve a mirar el chocolate.

Sonríe, es una sonrisa sincera, agradecida,  la han tratado de tú a tú, le han dado un trozo de chocolate a ella, ¡Para ella!

Porque… ¿Quién sabe cuántas bocas tiene que alimentar? ¿Cuánto tiempo hará que no piensa en ella? ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que comió chocolate?

Me quedo un rato observado mientras finjo que busco algo en mis bolsas, la mujer de la puerta, se come el chocolate, cierra los ojos y lo saborea,y sigue sonriendo sin poder ocultar que está contenta.

La mujer del chocolate, ya se ha ido, ese gesto, para ella tan simple, ha ayudado a 2 personas, a la mujer de la puerta y a mí.

Quiero ser como la mujer del chocolate, por 2 cosas:

  1. Disfrutar de los pequeños detalles, algo tan sencillo como comer chocolate, caminando sin prisas, simplemente disfrutando del momento.
  2. Quiero ser capaz de compartir mi tesoro, mi homenaje, sin esperar nada a cambio.  

Y tu…¿Regalarías tu trozo de chocolate? ¡Te reto a hacerlo!

#chocolatechallenge  #vivalagentebuena #detallesquemarcanladiferencia

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